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El uso de las tarjetas de crédito se está convirtiendo en un verdadero dolor de cabeza para muchas familias hispanas de nuestros días. Las deudas y tarjetas se acumulan, y juntamente con ellas las tensiones familiares y personales.
Los compromisos contraídos con tarjetas de crédito en Estados Unidos se han cuadriplicado desde el año 1986. La deuda de los consumidores norteamericanos ha llegado a un billón de dólares. Para tener una idea de la seriedad del asunto, si colocáramos billetes de cien dólares, uno encima del otro, con un billón de dólares haríamos una columna de unos ¡cien kilómetros metros de alto! De acuerdo a las informaciones recibidas en Conceptos Financieros, una familia promedio en Estados Unidos tiene una deuda de ¡más de diecinueve mil dólares!
¿Y cómo andamos los latinos? Pues, no mucho mejor. El crédito fácil ha sido un veneno para muchas de nuestras familias. Por un lado, porque muchos de nosotros crecimos en un pasado donde tener crédito era solo cosa de ricos, y por lo tanto, nunca aprendimos a manejarlo. Por el otro, las oficinas de mercadeo promueven la idea de “compre ahora y pague después”, una filosofía de consumo peligrosa.
Así que, antes de “tarjetear”, tome en cuenta estos principios económicos para no tener jamás problemas con el uso de su crédito:
Nunca compre algo con la tarjeta de crédito que no esté presupuestado. Cuando se encuentre frente a la posibilidad de una compra, considere si lo que va a comprar está dentro de su presupuesto familiar. Si no está dentro del plan económico de la familia, dé media vuelta y márchese. El único problema que este principio trae asociado es que muestra una realidad en nuestras vidas como latinoamericanos: ¡Primero debemos aprender a presupuestar!
Nunca desvista a un santo para vestir otro. Si está comprando comida, ropa y otras necesidades básicas de su familia a crédito, es que usted se ha gastado primero ese dinero en algún otro lugar. Pregúntese: “¿Por qué no tenemos el dinero disponible?” La mayoría de las veces es porque la familia ha pasado por una crisis financiera, y no tenemos suficiente dinero ahorrado para solventarla.
La gente dice:”Fue una situación inesperada”. Pero lo inesperado no sería tan “inesperado” si lo estuviéramos esperando. Espere las crisis económicas, porque éstas vendrán como llegan las tormentas en el mar: rápidamente y de donde menos se espere.
Comprométase delante de Dios a pagar cada mes 100% del saldo. Hoy en día, con el alto interés que están cobrando las tarjetas y lo pequeño que es muchas veces el pago mínimo, si uno hace solamente ese pago, no saldrá fácilmente de su esclavitud económica, sino que ¡se continuará hundiendo más!
Comprométase a no usar más su tarjeta de crédito. Si usted ha hecho este compromiso con Dios y de pronto hay un mes que no puede cumplir con su promesa, entonces, deshágase de su tarjeta.
No se sienta mal. Eso no quiere decir que uno es un inútil porque las tarjetas no son para uno. Lo que ocurre es que hay ciertos tipos de personalidad que manejan mejor los conceptos y las ideas de tipo “concretas”. Esas personas no deben manejar un concepto abstracto como el concepto del crédito. “Tarjetear” no es para usted, maneje dinero en efectivo.
Si usted cumple en su vida financiera estos tres simples principios económicos, nunca tendrá problemas con ese tipo de deudas y ¡desde ahora podrá comenzar a conjugar el verbo “tarjetear” de una manera totalmente diferente!
Autor: Andrés Panasiuk
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