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- “¿Creo, en realidad, lo que dice la Biblia?”
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“¿Creo, en verdad, que mi madre está ausente del cuerpo, y presente al Señor?”
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“¿Estoy convencido de que ella tiene un cuerpo nuevo y glorificado, que nunca más estará sujeto al dolor o la muerte?”
- “¿Tengo la confianza de que volveré a verla un día?”
Mientras estaba sentado bajo el toldo junto a su tumba, me di cuenta de que sólo podía responder de una de estas tres maneras: “Sí, sí lo creo”, “No, no lo creo”, o “Bueno, espero que eso sea cierto, pero no estoy seguro”.
Sin embargo, fue bueno que las enfrentara, ya que durante 50 años le había estado diciendo a la gente que cuando Jesús es nuestro Salvador, uno siempre tiene esperanza.
Al reflexionar en cada una de estas preguntas, descubrí que todas las veces mi respuesta era: “Sí, lo creo”. Sé que la Biblia es absolutamente confiable, y que la resurrección nos ofrece un maravilloso mensaje de consuelo a nosotros los creyentes. Por tanto, quiero compartir con usted estas tres verdades de la Palabra de Dios, que espero le darán paz y esperanza en esta Pascua de Resurrección.
La primera de estas verdades es la siguiente:
Todo creyente en Cristo ha recibido la seguridad de la vida eterna más allá de la tumba.
Jesús dijo: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente” (Juan 11:25, 26). Jesús cumplió Su palabra de que moriría y resucitaría el tercer día, para perdonar nuestros pecados y reconciliarnos con el Padre. Y porque el
Señor cumplió fielmente lo que dijo, podemos creer siempre todas las promesas que Él nos hace.
La segunda consoladora verdad es esta:
Todo hijo de Dios experimentará una resurrección corporal.
Algunas personas creen que nuestra resurrección será simplemente espiritual, pero eso sencillamente no es verdad. Romanos 8:11 promete: “Si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales” Cuando usted acepta a Cristo como su Salvador, el Espíritu Santo le sella y le prepara para el día de la redención (Efesios 4:30). Ésta no será sólo una salvación espiritual, sino también física. Él “transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya” (Filipenses 3:21). Esto significa que sí como Cristo fue resucitado corporalmente, usted también lo será. Será transformado, cuando “lo corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad” (1 Corintios 15:54). Su cuerpo dejará atrás todos sus dolores y problemas para nunca más enfrentar las enfermedades y los sufrimientos que tuvo aquí en la tierra.
La tercera verdad es esta:
Estamos predestinados a ser conformados a la imagen de Cristo.
Pablo dijo en Romanos 8:29, 30: “A los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó”. Dios nos ve como a Sus hijos glorificados, aunque Él nos hace justos desde el momento que aceptamos a Cristo como nuestro Salvador. Cuando dejemos esta vida para ir a Su presencia, Él nos perfeccionará totalmente.
Llegaremos a ser todo aquellos para lo cual fuimos creados; ningún pecado nos tentará ni ningún enemigo nos estorbará. Ya no habrá más lágrimas ni más sufrimientos, sino la maravillosa dicha de estar en la presencia de Dios y el gozo de estar libres de nuestras aflicciones terrenales.
Teniendo estas verdades de la Biblia que nos dan seguridad, no hay ninguna razón para temerle a la muerte. Si usted conoce a Jesucristo como su Salvador, el pecado no podrá vencerle ni la tumba retenerle. La batalla ha terminado; la victoria ha sido ganada en la cruz y en la tumba vacía de Cristo. ¡Porque Jesús vive, todos los que creen en Él también vivirán! El día de la resurrección, cuando suene la trompeta de Dios, los muertos en Cristo se levantarán. “Nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1Tesalonicenses 4:17).
El alentador mensaje de la Pascua de Resurrección es que, para el creyente, la muerte no es el final sino un glorioso comienzo: El cumplimento final de todas nuestras esperanzas, porque estaremos con Cristo para siempre en el cielo. Mi oración es que el Espíritu Santo selle estas maravillosas verdades en su corazón hoy, y que la gozosa esperanza del retorno de Cristo le mantenga viviendo de manera provechosa para Él.
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