Cuando decimos que Dios se interesa mucho por salvarnos, nos preguntamos de qué estamos siendo salvados y por qué es necesaria la salvación. El propósito de la operación de rescate de Dios fue salvarnos de la condena de muerte impuesta a Adán y Eva por su decisión de pecar contra Dios.
Si usted piensa en todos los regalos que ha recibido en su vida, ¿alguno de ellos vino directamente del cielo? Talvez algunos le parezcan celestiales, pero el Señor Jesucristo es el único regalo que usted y yo recibimos, que nos llegó directamente del cielo; sin un comienzo, sin un final, Él es como ningún otro regalo.
Quiero retarle a pensar en su adoración y servicio al Señor, Salmo 96. La Palabra de Dios nos enseña que hay tres requisitos para ofrecer una alabanza y adoración aceptables a nuestro Padre celestial: conocerle, obedecerle y tener un corazón puro. Es fácil decir las palabras y entonar los cantos de alabanza, pero ¿cómo podemos usted y yo estar en la presencia del Dios todopoderoso con un corazón impuro, y lograr adorarlo en verdad?
En el cielo hay una incesante alabanza y adoración a Dios. En la visión de Juan, los cuatro seres vivientes proclamaban día y noche la santidad de Dios. Entonces Juan oyó que los 24 ancianos respondían con una proclamación de la dignidad de Dios (Ap. 4:8-11). Escuchó cuando cantaban un nuevo cántico de alabanza, pregonando que el Cordero de Dios había redimido a los hombres para Dios.
¿Por qué algunas personas enfrentan los problemas de la vida con confianza y valentía, mientras que otras son atormentadas por la duda y el fracaso? Una razón es que mucha gente tiene una idea muy equivocada de quién es Jesús. Lo conocemos como el Pan de Vida y el Agua de Vida, pero ¿cuántos le conocemos como nuestro gran sumo Sacerdote?