En un centro comercial en Coventry, Inglaterra, los investigadores colocaron coloridos anuncios a lo largo de las barandillas de una escalera que decían: «Subir las escaleras protege su corazón».
Las tormentas de la vida pueden hacernos sentir inseguros de nuestra dirección. Los discípulos sabían que estaban en el mar de Galilea, dirigiéndose a Genesaret, pero en medio del fuerte viento no podían determinar su dirección ni a qué distancia estaba la costa.
Había una vez un rey muy triste que tenía un sirviente muy feliz. Todas las mañanas llegaba a traer el desayuno y despertaba al rey cantando y tarareando alegres canciones de juglares. Una sonrisa se dibujaba en su distendida cara y su actitud para con la vida era siempre serena y alegre. Un día el rey lo mandó a llamar.
Nuestras palabras son una herramienta para hacer mucho bien. Podemos hablar a nuestro Padre celestial en favor de nosotros mismos o de los demás; podemos hablar la Verdad de Jesucristo y cantarle alabanzas; podemos capacitar, animar y advertir; y podemos expresarnos amor unos a otros.
¿Cuándo fue la última vez que sintió la presencia de Dios en su vida? No me refiero al reconocimiento intelectual del hecho de que Dios está con usted porque Él está en todas partes, sino a la sincera toma de conciencia de que Dios está morando en usted de una manera íntima, personal.