 El misterio en el ministerio juvenil
|
|
|
Era mi primer año de ministerio juvenil y había llevado a un grupo de estudiantes de colegio secundario al “Hume Lake Conference Center” en California central para un fin de semana de campamento de verano. Uno de los adolescentes tenía una historia bastante complicada. A sus 17 años de edad, él ya tenía un largo pasado de drogas y violencia.
|
|
|
|
|
Unos pocos meses antes del campamento, en un estado provocado por ingerir drogas, él condujo su automóvil a 160 kilómetros por hora pasándose una luz roja, y chocó con otro vehículo. Milagrosamente, las personas en el otro automóvil no tuvieron heridas graves, pero Juan estuvo muy cerca de morir. Durante su larga recuperación, él decidió que el accidente era un llamado de alerta, y pensó que el asistir a la iglesia sería un buen primer paso para limpiar su vida.
Yo era tan sólo un par de años mayor que él y, francamente, estaba bastante inseguro como su consejero, si iba a ser capaz de manejarlo. Yo era nuevo en el ministerio juvenil, y yo mismo era aún un poco inmaduro. Además, yo nunca antes había sido consejero de campamentos. Había aún muchas cosas acerca del ministerio juvenil que yo no sabía. Tampoco sabía que, allá lejos en mi iglesia, un grupo de adultos se encontraba orando cada noche para que Juan se convirtiera a Cristo.
No ocurrió nada durante los primeros días. Juan parecía totalmente abstraído durante los fogones. En la cuarta noche, él me dijo que no iba a asistir. Él y su mejor amigo, Diego, iban a pasar de la reunión. Debido a que yo era inmaduro e inseguro, yo quería agradarle a Juan, así que le dije que yo iba a escaparme de la reunión con él. Decidimos escondernos en la capilla de oración… a nadie se le iba a ocurrir buscarnos ahí.
Por supuesto, nuestra ausencia fue advertida, y los líderes nos buscaron. Y, por supuesto, nunca buscaron en la capilla de oración. Mientras la reunión se llevaba a cabo, nosotros comenzamos a hablar de cosas de hombres: chicas, deportes, un poco sobre la vida, chicas. Juan era el más elocuente, así que mantuvo nuestra atención mientras hablaba de su vida de sexo, drogas, y rock and roll. Diego y yo estábamos en el borde de nuestras sillas, absortos de atención. En el medio de la conversación, Juan repentinamente paró de hablar.
Se mantuvo en silencio durante algunos minutos. Luego nos dijo: “No puedo creer que ustedes, chicos, hayan venido hasta aquí conmigo aún cuando todos sabemos que nos vamos a meter en problemas. Especialmente tú que eres de la iglesia.” Hizo una pausa… “Así que, ¿de qué se trata eso del cristianismo, de todos modos?” Diego y yo nos miramos en sorpresa, y comenzamos a tropezar con las palabras, intentando contarle a Juan acerca de Jesús. Cuando terminamos, Juan estaba silencioso. Luego él levantó la vista y dijo “Bueno, chicos, ustedes conocen mi historia. Soy un tipo con muchos problemas, pero lo que dijeron acerca de Jesús tiene sentido para mí. Así que, ¿qué tengo que hacer para convertirme en un cristiano?” Nuevamente nos quedamos boquiabiertos. Cuando recuperamos el aliento, guiamos a Juan en una oración para invitar a Cristo Jesús a su vida.
Cuando salimos de la capilla de oración, no veíamos la hora de contar lo que había sucedido. Los líderes, por supuesto, no veían la hora de contarnos lo que nos iba a suceder a nosotros. Esa noche Dios nos sorprendió. Él había honrado la negativa caprichosa de Juan y su amigo cristiano de asistir al fogón, así como mi inmadurez de ir con ellos. Él transformó nuestra infracción en un milagro. Comenzamos hablando de chicas, drogas, y rock and roll, pero el Espíritu Santo dirigió el tema hacia Jesús. Él tomó una acción común y rebelde, y creó un misterio. Se me hizo muy claro aquello de que: “Los caminos de Dios no son nuestros caminos.” Dios realmente es un Dios de misterio.
El rol del ministerio juvenil es traer a los adolescentes ante la presencia de un Dios que está más allá de las palabras, definiciones, o categorías. Es crear oportunidades para que los adolescentes se vean sorprendidos por la presencia de Dios y embelezados por la grandeza de Dios. El trabajo de los líderes juveniles es mostrarles a los jóvenes a un Dios que los dejará sin palabras, llenos de admiración y asombro. Los líderes juveniles muestran a los adolescentes un Dios que es más que principios y respuestas… llevamos a los adolescentes a las “orillas del misterio”.
Preguntas, no respuestas
Cuando éramos niños, aturdíamos a los adultos con preguntas, pero en algún punto entre el ser niño y el convertirnos el “adultos”, perdimos nuestra curiosidad. Perdimos nuestro deseo de preguntar, y nos quedamos satisfechos con no saber. El problema es que cuando abandonamos las preguntas para vivir tan sólo en un mundo de respuestas, hemos aplastado al Espíritu Santo en nuestras vidas.
La curiosidad, la capacidad de preguntar, el amor por las preguntas, provienen de al menos 2 fuentes: sorpresa y dolor.
1. Sorpresa. Sorprenderse es una combinación de asombrarse, maravillarse, admirarse, y shockearse. A lo largo de la Biblia, Dios parece trabajar mejor a través de las sorpresas. Él sorprendió a Adán y Eva en el jardín; a Moisés en la zarza ardiente; a Sadrac, Mesac, y Abednego en el fuego; a Jonás con el gran pez; a Abraham y Sarah con su embarazo; a Goliat con David; a Pablo en el camino a Damasco; y a Pedro en sus sueños. De hecho, los discípulos se pasaron gran parte de sus tres años junto a Jesús sorprendidos. Jesús se aparecía en los lugares más extraños, en los momentos más extraños, y con las personas más inusuales: en bodas, durante tormentas en lagos, sobre el agua sin un bote, y con un montón de mujeres cuestionables. Los discípulos estaban constantemente asombrados. Jesús hasta se apareció después de su muerte.
2. Dolor. A pesar de que los grupos de jóvenes pueden ser lugares donde los chicos participen en actividades entretenidas y tengan grandiosas experiencias, esto no significa que los líderes juveniles puedan ignorar el valor del sufrimiento cuando llega. Un grupo de jóvenes no es un hospital donde solucionamos el dolor de nuestros adolescentes y los protegemos del sufrimiento. Es un lugar santo donde ayudamos a los adolescentes a reconocer a Dios, aún en medio de los sufrimientos. Deberíamos permitirles a los adolescentes que se esfuercen, que desarrollen su propia salvación, que busquen a Dios cuando no puedan sentirlo, y apoyarlos a lo largo de este proceso.
Hay una continua lucha en la vida cristiana, porque el cristianismo no se trata sólo de vivir; también se trata de morir y de la muerte. Morimos a nosotros mismos, sí, y también debemos morir muchas otras muertes. Esta es la razón por la que Jesús vino. Es grandioso hablarles a los jóvenes sobre felicidad, gozo, y vida, pero también debemos hablarles sobre rendirse, renunciar, y morir. Dios se encontrará con ellos allí también.
Lo que impide a nuestros adolescentes experimentar la salvaje presencia de Dios no es el alcohol ni las drogas. Es el efecto narcótico del confort y la familiaridad, con la seguridad. Cuando las personas se sienten seguras, se paralizan: no hay dolor, no hay muerte, y no hay vida. Jesús no dijo “Yo he venido para darles seguridad, y seguridad en abundancia.”. Jesús vino a darnos vida y a darnos una cruz. Él deja muy claro que “El que encuentre su vida, la perderá, y el que la pierda por mi causa, la encontrará.” (Mateo 10:39)
Autor: Juan Carlos Flores
|
|
|
|
|
 |